San Leopoldo

San Leopoldo

Imagen: Hans Part: Babenberger Stammbaun (Recorte) 1489 – 92, Stiftsgalerie Klosterneuburg

Biografía compendiada de San Leopoldo III de Austria

¿Quién fue San Leopoldo? Un padre de numerosísima familia, un gobernante modelo, creador de la católica Austria, y un santo.

Nació hacia 1075. Fueron sus padres Leopoldo II el Hermoso e Ita, piadosos Duques de Baviera, de la estirpe de los Baben-Berger.

Las tierras ocupadas ahora por Alemania, Bélgica, Holanda, Austria, Suiza y algunos territorios más, formaban en aquellos siglos el Sacro Imperio Romano-Germanico, divididos en los Ducados de Sajonia, al norte; Turingia y Franconia al centro; Suabia y Baviera al sur. Fuera de este Imperio, los pueblos eslavos (Polonia, Moravia y Hungría) presionaban sobre las fronteras orientales de estos ducados; y estos, para evitarlo, fortificaban comarcas defensivas a las que llamaban “marcas”. La correspondiente al Ducado de Baviera recibió el nombre de “Marca Oriental” y para gobernarla Leopoldo II designó, en 1096, a su hijo Leopoldo III, con el título de “marggraf” (latinizándolo, margrave), conde de la marca. Tendría él, ese año, unos veintiuno de edad.

San Leopoldo, con prudencia exquisita, y rehuyendo todo lo posible la guerra, la defendió de los ataques de los húngaros. A la vez fue trasladando su residencia a ciudades cada vez más orientales; Meld, Gars, Tulln y, por último, Viena (la Vindobona de los romanos).

Se aplicó luego a educar a sus súbditos, estableciendo para ellos monasterios que fuesen focos de santidad o centros de sabiduría e instrucción. Entre los primeros se destacó el de Heiligenkreuz (la Santa Cruz), entregado a los Cistercienses, por aquellos años recién fundados; y entre los segundos, el de Klosterneuburg (Monasterio del nuevo burgo), situado al norte y a poca distancia de Viena. Este fue encomendado a los Canónigos Regulares de San Agustín, cuya misión era el servicio pastoral de los pueblos y la difusión de la cultura. Este monasterio funcionaba ya en 1111, pero sus magníficas obras, de estilo barroco, no se terminaron hasta 1136. Por su magnificencia es llamado “el Escorial” alemán.

Ciertamente, el catolicismo tenía ya sus raíces muy antiguas en lo que ahora es Austria. Allá, por el siglo III había llegado a Norindia y Panonia (las actuales Austria y Hungría), los propagandistas de la nueva religión que procedían de la Diócesis de Aquilea (cerca de la moderna Trieste). Y, más adelante, en el siglo VIII, el gran misionero irlandés, San Bonifacio, penetró en Frisia (Holanda) y continuó su avance hasta fundar la clásica abadía de Fulda (el gran foco católico alemán) y los obispados de Ratisbona, Passua, Freising, Salzburgo y muchos otros. Sin embargo, el asentamiento definitivo y de transcendencia secular de la religión del Crucificado en Austria, se debe muy principalmente a San Leopoldo.

Datos típicos de su obra son los siguientes:

Hacia los treinta años de edad contrajo matrimonio con la piadosísima Inés, viuda del Duque Federico de Suabia. Tres hijos tenía ella de ese su primer matrimonio, y diecisiete o dieciocho tuvo en el celebrado con San Leopoldo. De los cuales murieron varios de corta edad. De los once que sobrevivieron, Alberto fue un valiente guerrero; Leopoldo sucedió a su padre como margrave de la Marca; Conrado fue obispo de Passua; y después, arzobispo de Salzburgo; Enrique, duque de Baviera, de la cual se desgajó la Marca con el nombre de Austria; el más célebre de todos, Otón, estudió en París, se hizo cisterciense en Moribond, fue obispo de Frisinga, se destacó como eminente historiador de la Edad Media y, después de su muerte en 1158, fue declarado Beato. De las hijas de San Leopoldo, varias se casaron con príncipes.

Muy revueltos fueron los tiempos en que vivió el Santo. Su emperador, Enrique IV, tenía entablada una lucha contra los Papas por el motivo de las “investiduras”, o sea, el querer nombrar él a los obispos. Y aunque se presentó sumiso en el castillo de Canosa, reincidió en su empeño y fue excomulgado. Al morir, quisieron los Electores alemanes nombrar emperador a San Leopoldo, pero él se opuso terminantemente a aceptar el cargo supremo en el sacro imperio romano-germánico.

El santo margrave quería dedicarse con toda su alma a la educación religiosa de sus súbditos, a elevarlos en cultura, a la caridad con los pobres; para ello estableció asilos o los recogía en su propio palacio, ayudado siempre por su esposa Inés. Y nada se diga de la oración constante a Dios.

Empezaban por aquellos años los intentos de reconquistar los Santos Lugares del poder de los mahometanos. En esas luchas – las Cruzadas – no quiso tomar parte San Leopoldo, pero prestó auxilio con su ayuda dejando pasar por su territorio – la cuenca del Danubio – las pobres pero enardecidas masas de hombres que iban a la conquista de Jerusalén.

Lleno de méritos  de amor de Dios, y precisamente cuando se habían terminado las grandiosas obras del Monasterio de Klosterneuburg, el día 15 de noviembre de 1136 murió San Leopoldo a los sesenta y un años de edad y en ese Monasterio fue enterrado. En él se conservan aún sus reliquias.

Incoado el proceso de su canonización, el Papa Inocencia VIII lo declaró Santo el 6 de enero de 1485. Y en 1663 recibió el título de Patrón de Austria. La cual se ha formado desgajándose de Baviera la “Marca Oriental”, convirtiéndose de eses modo en el Österreich – el “reino del Este” – o latinizado, en “Austria” y acreciendo de extensión en los siglos posteriores con las Marcas de Carintia y Estiria, por el sur, así como la región de Salzburgo y la cuenca del río Inn por el oeste.