Poema a la Inmaculada Concepción

Me cuesta seguir caminando
por estos oscuros senderos,
pues cansa el continuo pecado
que lastra los pasos inciertos
de este pobre.

Y oigo en lo hondo del alma
la trémula voz del maligno:
“no puedes con este camino,
no puedes con tan dura carga:
¡abandona!”.

Mas veo en lo alto del cielo
tu manto de azul estrellado,
señal de que el don del Cordero
libró del Antiguo pecado
a su esclava.

Testigo eres tú de que Cristo
nos dio con su sangre victoria,
que más poder tiene la gloria
que todo el poder enemigo
ya vencido.

Y vuelvo a emprender renovado
la marcha que lleva hacia el cielo,
sabiendo que fue derrotado
por una mujer y su seno
el demonio.

Purísima madre María,
custodia mi andar peregrino:
que pueda acabar mi camino
gozando de tu compañía
junto al Verbo.

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