Pregunta 10: Si Dios sabe todo lo que voy a hacer, ¿ya estoy predestinado? ¿No soy libre?

Pregunta 10: Si Dios conoce ya si nos vamos a salvar, condenar o ir al purgatorio… ¿Haga lo que haga sucederá al final? [1]

Resumen: Dios lo sabe todo porque es eterno y no está sujeto al tiempo, sino que toda la historia está presente a Él; pero no porque el hombre no sea libre verdaderamente o su destino esté predestinado. El hombre es verdaderamente libre, y por ello Dios es verdaderamente justo al dar a cada uno según sus obras. Su omnisciencia no es que ahora sepa lo que va a pasar después, sino que toda nuestra historia es presente para su eternidad.


La Tradición cristiana nos transmite como dogma de fe que Dios es omnisciente, es decir, que conoce todas las cosas. Al mismo tiempo, la fe cristiana nos dice que somos libres y que podemos elegir entre el bien y el mal. Muchas personas me han preguntado cómo pueden conciliarse las dos cosas, que yo sea libre y que Dios ya sepa “lo que va a pasar”. Porque, si ya sabe lo que va a pasar, entonces sabe si yo voy a ir al infierno o al cielo, y entonces yo no puedo hacer nada para evitarlo, así que no soy libre. Esa es la razón por la que algunos herejes afirman la predestinación a la salvación o a la condenación, como si ya estuviéramos predestinados a hacer el bien o el mal, por lo cual eliminan la bondad de Dios y su justicia, y además no se toman en serio la libertad del hombre. Otras personas, ante este problema, afirman que hagamos lo que hagamos todos nos vamos a salvar, pero entonces acaban con la libertad verdadera del hombre y convierten la vida en un juego en el que Dios nos engaña haciéndonos pensar que somos libres y permitiéndonos sufrir, para acabar dando a todos el mismo destino, hagan lo que hagan. ¿Cómo solventar este problema?

Vamos allá. Por una parte es muy importante salvaguardar ambos datos de la Revelación y de la experiencia cristiana. Por una parte, el hombre es libre, y así ha sido creado por Dios, capaz de elegir entre el bien y el mal, y por tanto, responsable de sus obras y de sus consecuencias. La experiencia de la libertad es constante en nuestra vida: sabemos que podemos elegir, y de hecho pedimos cuentas a los demás de sus hechos, porque sabemos que somos libres. De hecho, sería injusto si todos recibiéramos lo mismo hiciéramos lo que hiciéramos, de modo que un asesino en serie que no se arrepiente, recibiese lo mismo que la Madre Teresa de Calcuta. Esto sería una injusticia, y sabemos que Dios es eternamente Justo. Por tanto, somos verdaderamente libres para cooperar con la graciasy así merecer la salvación.

Por otra parte, Dios es Dios, y por lo tanto es perfecto: omnisciente, ominipotente, omnipresente, etc. Dios conoce todas las cosas y nos llama a la salvación. Dios quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad (1 Tm 3, 4), y por eso, nos ofrece la salvación si nosotros colaboramos libremente con su gracia y elegimos el bien y nos arrepentimos del mal. Compaginar la omnisciencia de Dios con nuestra libertad es un verdadero misterio que no es fácil de esclarecer. San Agustín lo explica diciendo que Dios está fuera del tiempo, y que por lo tanto para él todo es presente, todo está ante sus ojos porque él no está sujeto al tiempo. Es decir, no es que Dios sepa ahora lo que voy a hacer después, sino que para Dios todo es presente, todo es ahora. Es como si Dios viese la historia “desde fuera”, todos los instantes de la historia están simultáneamente ante él, que es eterno presente. Y sin embargo, yo soy libre, puesto que en mi “ahora” puedo elegir lo que haré después, y mi “ahora” no es mi “después”, mi presente no es mi futuro, si bien para Dios todo está presente.

Esto es difícil de explicar y de comprender. Dios está en el presente, pero está fuera del presente, actúa en el tiempo (es el creador del tiempo) pero está fuera del tiempo, es intemporal. Que Dios sea eterno no quiere decir que lleve existiendo muchísimos siglos y que va a existir muchísimos siglos; a veces lo imaginamos así, pero, como dice la canción, “las palabras se quedan cortas para decir todo lo que siento”. Dios es el creador del tiempo. En Él no hay tiempo, no hay cambio, crecimiento ni progreso. Es eterno, es el Eterno. Está en el tiempo, y también fuera del tiempo, todo el tiempo para él es presente, porque en Él no hay “antes”, “ahora” y “después”, no hay pasado, presente, futuro. Por eso Él es omnisciente, y al mismo tiempo, nosotros somos libres. Porque nosotros sí tenemos tiempo, podemos cambiar, crecer, progresar, podemos elegir, y por tanto, nuestro destino no está predestinado, sino que lo elegimos nosotros. No es que Dios ya sepa lo que vamos a elegir, sino que para Él la historia está simultáneamente presente en su eternidad.

Esta explicación es difícil de comprender, y no pretende agotar el misterio de Dios y del hombre, sólo explicar con conceptos la verdad cristiana. En cualquier caso, la experiencia humana es que somos libres, y que por lo tanto, no podemos excusarnos en la predestinación para hacer el mal, ni tampoco hundirnos pensando que no hay salvación para nosotros, ni confiarnos pensando que ya estamos salvados.


[1] Este artículo está absolutamente sometido al juicio de la Iglesia y no pretende contravenir ninguna de sus enseñanzas; y me comprometo a enmendar lo que sea necesario en caso de que la Iglesia así lo considere.

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