Pregunta 11: ¿Por qué Dios se contradice?

Pregunta 11: ¿Por qué el Señor a veces se contradice si quiere que todo el mundo se salve? Como es que en algunas lecturas dice algo así (no sé): que creyendo vean...

La lectura a la que hace alusión nuestro curioso preguntador es precisamente la del Evangelio de hoy: “A vosotros se os han comunicado los secretos del reino de Dios; en cambio, a los de fuera todo se les presenta en parábolas, para que “por más que miren, no vean, por más que oigan, no entiendan, no sea que se conviertan y los perdonen” (Mc 4, 11 – 12), que es cita aproximada de Isaías 6, 9 – 10: “Ve y di a ese pueblo: «Escuchad bien, pero no entendáis, ved bien, pero no comprendáis». Engorda el corazón de ese pueblo, hazle duro de oídos, y pégale los ojos, no sea que vea con sus ojos, y oiga con sus oídos, y entienda con su corazón, y se convierta y se le cure»”. Efectivamente, estos textos parecen sorprendentes. Si Dios es bueno, nos ama, y quiere que nos salvemos, ¿por qué le dice a Isaías que endurezca al pueblo para que no vea ni se convierta? ¿Por qué Jesús dice que a los de fuera no se les habla claro para que no se conviertan…?

Para interpretar correctamente cualquier pasaje, es necesario tener en cuenta siempre la Tradición y el Magisterio de la Iglesia, y además atender, en primer lugar al contexto total de la Revelación; en segundo lugar, al contexto próximo del texto; y en tercer lugar a los géneros literarios. El contexto total de la Revelación nos dice que Dios quiere que todos los hombres se salven, y que ofrece su salvación a todos y cada uno de los hombres, sin excepciones. De hecho, en la plenitud de la Revelación, que es Jesucristo, encontraremos sobre todo estas expresiones de amor, misericordia y salvación que revelan este plan de salvación de Dios para todos los hombres, si cooperan con su libertad. Por lo tanto, el sentido de este texto no puede ser que Dios quiera que los hombres se cieguen y no comprendan ni se salven.

En segundo lugar, el contexto próximo de Isaías nos habla de la vocación del profeta, llamado a anunciar al pueblo que si no se convierte y sigue endurecido, sobrevendrá la catástrofe de la derrota y la deportación a Israel, como de hecho sucedió. Inmediatamente después del pasaje que hemos citado, el Señor le dice a Isaías que quiere hacerse de Israel un resto, es decir, una semilla santa, que será quien continúe la fidelidad al Señor, que es lo que Dios quiere. En Marcos, este texto está en el contexto de la parábola del sembrador, en que el Señor está explicando el Reino en parábolas a la gente, pero a los discípulos se las explica en privado, para que ellos después las expliquen a la gente; por tanto, no es un contexto en que el Señor quiera ocultar algo a los hombres o que se endurezcan, sino justamente un contexto en que Jesús quiere que se expliquen las parábolas de modo que los hombres las comprendan.

En tercer lugar, el género literario de los profetas nos indica que mucho de lo que ellos decían, constituía una denuncia y un desafío a los que les escuchaban. Los profetas denuncian al pueblo lo que está haciendo mal, y con sus palabras desafían a los que los escuchan, para que cambien. Este es el sentido de este pasaje. Isaías desafía al pueblo, haciéndole ver que se endurece ante la Palabra del Señor, que no le presta atención y que no se convierte, por lo que el Señor no les puede sanar. De este modo, predice también lo que sucederá: que Israel no escuchará a Isaías, y la catástrofe sobrevendrá sobre el pueblo; pero que esto hará que perdure un resto del pueblo de Israel que será fiel al Señor, y será la garantía de que la Revelación y el plan de Salvación sigue adelante. En Jesús, esta cita es aún más desafiante: Jesús la usa también para estimular a sus discípulos a que no endurezcan el corazón y se dejen tocar por la palabra. Al mismo tiempo, señala que ante su palabra los corazones se endurecen, como pasó con los fariseos. Por eso Jesús habla de “los de fuera”: son los fariseos, que se creen que lo saben todo, y ante las parábolas de Jesús se endurecen, se ciegan y no se convierten, porque eligen no escuchar. Así también Jesús anticipa a los apóstoles que la predicación del Evangelio no va a ser fácil, porque muchos corazones se endurecerán ante la Palabra, y muchos ojos se cerrarán y la Palabra se quedará sin dar fruto, que es justamente lo que dice la parábola del sembrador que el Señor está contando. Pero en esa parábola justamente se dice que la mayor parte de la semilla queda sembrada, y que da un fruto del ciento por uno. Y Jesús invita a predicar sin descanso, para que esa dureza del corazón del hombre un día se pueda abrir. Así, con este texto, nos desafía para que no nos endurezcamos ante su Palabra y la acojamos como tierra buena; y nos avisa de que muchos corazones se endurecerán ante la Palabra, pero que no por ello debemos dejar de predicar.

Así que Dios no se contradice, sino que su Palabra nos inquieta y nos desafía, para que no endurezcamos el corazón ni cerremos los oídos, de modo nos convirtamos y así su palabra nos sane.

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