Pregunta 13: ¿Qué es el Temor de Dios?

Pregunta 13: ¿Qué es exactamente el Temor de Dios? ¿Es miedo al castigo del Señor?

El Temor de Dios es uno de los siete dones del Espíritu recogidos en la profecía de Isaías 11, 2 – 3 y que la Iglesia ha acogido en su Tradición. El Temor de Dios aparece constantemente en la Sagrada Escritura, sobre todo en los libros sapienciales, especialmente en el libro de los Proverbios y en el libro del Eclesiástico.

El Temor de Dios no es miedo a Dios. Supone reconocer que somos criaturas, y que Dios es infinitamente superior a nosotros, es nuestro creador, y a Él se le debe reverencia y respeto. Dios no es alguien con quien se pueda jugar o a quien no se deba tomar en serio; no es alguien a quien se pueda manipular, ni un igual a quien podamos tratar al mismo nivel que a los demás. El Temor de Dios supone reconocer que soy criatura, que todo lo he recibido de Dios y todo se lo debo a Él, que no soy Dios y que su voluntad y su poder están muy por encima de lo que yo puedo comprender o alcanzar; y en consecuencia, me lleva a amar a Dios con respeto, reverencia y gratitud. Sin embargo, cuando uno es pecador y no se arrepiente del pecado ni pide perdón a Dios, es fácil que el Temor de Dios le lleve al miedo del castigo, y quizá ese miedo del castigo le lleve a la conversión. Como dice el Catecismo de la Iglesia Católica, uno puede arrepentirse por amor a Dios (contrición) o por temor a condenarse (atrición) [1].

Nunca hay que perder este Temor de Dios. Sin embargo, Dios ha querido saltar la distancia que le separaba de nosotros, y ha querido hacerse uno de nosotros. La expresión más repetida del Nuevo Testamento es “no tengáis miedo”. Jesús dijo: “Ya no os llamo siervos; a vosotros os llamo amigos porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer” (Jn 15, 15). El Señor por tanto no quiere un temor de esclavos ni un sometimiento temeroso, sino amor, obediencia y piedad filial, porque somos hijos suyos. Uno teme a su padre cuando su padre es malo, o cuando él ha hecho algo digno de castigo. Pero cuando tu Padre es bueno y tú tratas de amarle y de portarte bien, pidiéndole perdón cuando pecas, no hay nada que temer. Como dice San Juan, “no hay temor en el amor, sino que el amor perfecto expulsa el temor, porque el temor tiene que ver con el castigo; quien teme no ha llegado a la plenitud en el amor” (1 Jn 4, 18).


[1] Catecismo de la Iglesia Católica 1452 – 1453.

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