Pregunta 14: ¿Puede un cristiano casarse con un no-creyente?

Pregunta 14: ¿Puede un/a cristiano/a practicante casarse con una persona no creyente/atea si esta persona consiente casarse por la iglesia?

Resumen: el matrimonio existe como una realidad natural que tiene tres características: unidad, indisolubilidad y apertura a la vida. Cuando una persona acepta estas condiciones, contrae matrimonio válidamente, sea creyente o no, sea bautizado o no. Para un cristiano el matrimonio es además un Sacramento, pero puede contraer matrimonio verdadero con un no creyente con tal de que este acepte las características del matrimonio verdadero. 

El matrimonio como tal no existe sólo desde que Jesucristo lo elevó a la categoría de Sacramento, sino que existe como verdadero matrimonio desde la creación del mundo. Así dijo Dios creador a los primeros hombres: “Creced, multiplicaos (Gn 1, 28). Por eso deja el hombre a su padre y a su madre y se une a su mujer, y se hacen una sola carne” (Gn 2, 24). Por lo tanto, el matrimonio existe como tal desde el comienzo de la creación, y los hombres y las mujeres pueden casarse desde el origen del tiempo sin estar bautizados ni ser creyentes. Para que un matrimonio sea válido, o verdadero, es necesario que sea una unión a) con una sola persona b) para toda la vida y c) ordenada a la generación y educación de los hijos. Cuando dos personas se comprometen a casarse con una sola persona (se excluye la poligamia o infidelidad), para toda la vida (se excluye el divorcio y volverse a casar) y queriendo tener hijos, entonces constituyen un matrimonio verdadero, aunque no sea sacramento si no están bautizados. Ese compromiso debe hacerse por su propia naturaleza de un modo explícito y público. Así se casaban todos los hombres y mujeres de las culturas y religiones antiguas, y también de muchas religiones de ahora, que sin estar bautizados, ni conocer a Jesús, se unen verdaderamente en matrimonio.

El matrimonio existía en el pueblo de Israel. Jesucristo refrendó el matrimonio como algo bueno y reafirmó su carácter sagrado e indisoluble: “Se le acercaron unos fariseos que, para ponerle a prueba, le dijeron: «¿Puede uno repudiar a su mujer por un motivo cualquiera?» El respondió: «¿No habéis leído que el Creador, desde el comienzo, los hizo hombre y mujer, y que dijo: Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre y se unirá a su mujer, y los dos se harán una sola carne? De manera que ya no son dos, sino una sola carne. Pues bien, lo que Dios ha unido que no lo separe el hombre.» (Mt 19, 3 – 6). Además lo elevó a la dignidad de Sacramento, como muestra San Pablo en la carta a los Efesios: “Maridos, amad a vuestras mujeres como Cristo amó a la Iglesia y se entregó a sí mismo por ella, para santificarla, purificándola mediante el baño del agua, en virtud de la palabra, y presentársela resplandeciente a sí mismo; sin que tenga mancha ni arruga ni cosa parecida, sino que sea santa e inmaculada. Así deben amar los maridos a sus mujeres como a sus propios cuerpos. El que ama a su mujer se ama a sí mismo. Porque nadie aborreció jamás su propia carne; antes bien, la alimenta y la cuida con cariño, lo mismo que Cristo a la Iglesia, pues somos miembros de su Cuerpo. Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre y se unirá a su mujer, y los dos se harán una sola carne. Gran sacramento es éste, lo digo respecto a Cristo y la Iglesia” (Ef 5, 26 – 32).

Por tanto, para los bautizados, un matrimonio verdadero es además un Sacramento que, como dice el Catecismo, da a los esposos la gracia de amarse con el mismo amor con el que Cristo ama a su Iglesia [1]. Sin embargo, un no bautizado puede contraer perfectamente un matrimonio verdadero aunque no sea Sacramento, con tal de que acepte estas tres condiciones: unidad, indisolubilidad y apertura a la vida. De ello se sigue que un cristiano puede casarse perfectamente con un no católico e incluso con un no bautizado, con tal de que la parte no creyente acepte estas condiciones del matrimonio verdadero y entienda que el matrimonio por la Iglesia es una expresión pública de este compromiso. De hecho, el ritual de matrimonio comprende también estas situaciones. Existe el matrimonio con disparidad de culto, que es un matrimonio entre dos cristianos de los cuales uno no es católico; y también el matrimonio mixto, entre un bautizado y un no bautizado. Sin embargo, como para un católico el matrimonio es Sacramento, un bautizado debe casarse usando la forma canónica, es decir, debe casarse “por la Iglesia”. Así como un no bautizado contrae matrimonio verdadero al casarse por la Iglesia, un bautizado sin embargo no contrae matrimonio verdadero si no se casa por la Iglesia, porque para el bautizado, el matrimonio verdadero es también Sacramento.

Hoy en día se da muchas veces el caso de que una persona creyente y practicante se casa con otra persona bautizada, pero que realmente no es creyente ni practicante, que es realmente el caso que nos plantean en esta pregunta. Pero la respuesta se puede deducir de lo ya dicho. Con tal de que la parte no creyente acepte las condiciones del matrimonio natural, puede casarse perfectamente con la parte creyente. Además, al estar bautizado, aunque no sea creyente, recibe igualmente la gracia del Sacramento, que puede dar fruto en él si abre su corazón a esta gracia. Por tanto un bautizado no creyente que se casa aceptando las condiciones del matrimonio, contrae matrimonio verdadero y sacramental. En este caso, conviene que el sacerdote tenga en cuenta la situación del no creyente, y que esta situación se refleje en la celebración, por ejemplo no celebrando el Sacramento de la Eucaristía, que la parte no creyente no deberá recibir si realmente es coherente con su agnosticismo o ateísmo.

En cualquier caso, en este tipo de matrimonios, la parte no bautizada o no creyente debe asumir las características del matrimonio natural, puesto que si no, el matrimonio sería nulo. Las características del matrimonio no las señala la Iglesia, sino que las señaló el Señor en la Ley natural al crear al hombre y a la mujer, y el hombre debe respetarlas. Una unión que no contuviera estas características (unidad, indisolubilidad, apertura a la vida) no es un matrimonio; se le puede llamar de otra manera o dotarla con otras leyes, pero no cumpliría el plan de Dios sobre los hombres y no sería, por tanto matrimonio. Hay pues que evitar que una persona no bautizada se case por la Iglesia por contentar a la persona bautizada, pero que realmente no crea en las propiedades del matrimonio, porque entonces contraería un matrimonio nulo; es decir, que no sería un verdadero matrimonio.

Por eso la Iglesia invita a los novios a preparase bien para el matrimonio y comprender su naturaleza, aunque uno de los dos no sea creyente, ya que ambos están llamados a formar una familia según la Ley de Dios y a perfeccionarse en el amor y en la entrega. Por ello, es muy recomendable que la parte no bautizada acudiese también a los cursos de formación prematrimonial para prepararse bien al matrimonio verdadero, aunque no sea sacramental.



[1] Catecismo de la Iglesia Católica 1661:

http://www.vatican.va/archive/catechism_sp/p2s2c3a7_sp.html#Resumen

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