Pregunta 2: ¿Cómo saber si los difuntos están con Dios?

Pregunta 2: ¿Cómo saber que las personas que quieres y se han ido están al lado de Dios y están bien?

Resumen: Después de la muerte, aunque el cuerpo del hombre se corrompe, el alma pervive y es juzgada según sus obras. No podemos tener certeza de si un difunto está en la presencia de Dios, pero debemos orar por él. Dios es misericordioso y busca la salvación del hombre; por eso no debemos temer sino confiar en él, y obrar de modo que nos hagamos dignos de la salvación.


La pregunta puede estar formulada en dos sentidos

a) ¿Realmente podemos creer que la vida pervive después de la muerte?

La revelación nos muestra que el hombre no es sólo cuerpo, sino que en él hay también un elemento espiritual que llamamos alma, y que el alma pervive después de la muerte del cuerpo. En la Sagrada Escritura tenemos muchísimos pasajes, pero baste recordar aquí la parábola en que Jesucristo habla del pobre Lázaro, que, después de su muerte, pervive en el seno de Abrahán (Lc 16, 19 – 31). Cuando morimos, esta unidad de cuerpo, alma y espíritu que somos, se rompe, y mientras el cuerpo queda en esta tierra experimentando la corrupción, el alma pervive y va a la presencia de Dios, donde es juzgada, para recibir en justicia conforme a sus obras, mientras “espera” la resurrección de los muertos, que sucederá al final de los tiempos. Por tanto, sí hemos de creer en una vida más allá de esta vida mortal, ya que Jesucristo ha venido para que tengamos vida eterna: “Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo para que todo el que crea en él no muera, sino que tenga vida eterna” (Jn 3, 16); “el que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna” (Jn 6, 54), etc. Un ejemplo vivo de esto en la revelación es la presencia de la Virgen María junto a Dios, donde, glorificada en cuerpo y alma, intercede por nosotros. De hecho, la finalidad principal de nuestra fe es la salvación eterna, vivir de modo que nos hagamos dignos de pasar la eternidad en la presencia de Dios.

b) Creyendo que hay vida después de la muerte, ¿podemos saber si alguien está con Dios o no?

Hay algunas personas que han vivido tan santamente que la misma Iglesia reconoce que están ya en la presencia de Dios, como son los santos y los beatos. Del resto de personas que han muerto, nos gustaría tener la certeza de que están con Dios, de que están felices y en paz, pero no podemos tenerla. Si bien es verdad que algunas personas han tenido manifestaciones de almas del purgatorio que les han pedido oración y han podido ver que estaban bien[1], de la mayor parte no tenemos ninguna experiencia. En primer lugar, debemos recordar que Dios es misericordioso, que “quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad” (1 Tm 2, 4), y que juzgará a cada uno según se le ha dado, teniendo en cuenta todas las circunstancias de su vida. En segundo lugar, debemos darnos cuenta de que no ganamos nada preguntándonos si algún difunto estará bien o no, ya que ese pensamiento nos puede turbar y además no llegaremos a ninguna certeza. En tercer lugar, lo que podemos y debemos hacer es orar por los difuntos, rezar para pedirle a Dios que estén bien, que estén en su presencia, que puedan descansar en paz.

La Iglesia encomienda los difuntos a la misericordia de Dios y ora por ellos. Sólo pidiendo por los difuntos podemos alcanzar la paz que deseamos. Por los difuntos se puede orar personalmente, pidiendo por ellos con oraciones espontáneas o repitiendo oraciones ya hechas, como el padrenuestro, el avemaría o el rosario. Pero lo que más ayuda a la salvación de los difuntos es la celebración de la Eucaristía, en que se pide por todos los difuntos, y se puede nombrar a algún difunto en concreto, aplicando la misa por él.

(En un próximo artículo en respuesta a otra pregunta explicaremos mejor este punto. Recomiendo consultar los artículos del Catecismo de la Iglesia Católica sobre este tema: números 1020 a 1060:  http://www.vatican.va/archive/catechism_sp/p123a12_sp.html ). 

En cualquier caso, nuestra fe se basa en la confianza en un Dios bueno, que nos ama y quiere salvarnos, y nos invita a vivir, no en el temor, sino en el amor y la confianza, pero que también nos invita a vivir coherentemente con nuestra fe, eligiendo el bien y no el mal, para poder salvarnos. Resulta precioso y consolador leer estas palabras de Jesús:

“En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: -«Que no tiemble vuestro corazón; creed en Dios y creed también en mí. En la casa de mi Padre hay muchas estancias; si no fuera así, ¿os habría dicho que voy a prepararos sitio? Cuando vaya y os prepare sitio, volveré y os llevaré conmigo, para que donde estoy yo, estéis también vosotros. Y adonde yo voy, ya sabéis el camino.»
Tomás le dice: -«Señor, no sabemos adónde vas, ¿cómo podemos saber el camino?»
Jesús le responde: -«Yo soy el camino, y la verdad, y la vida. Nadie va al Padre, sino por mí»”.  (Jn 14, 1ss).

(Si este artículo te ha suscitado nuevas preguntas, puedes escribir un mail a dudasdefe@gmail.com).


[1] Un libro muy bueno al respecto de las almas del purgatorio es Entre el cielo y la tierra, de María Vallejo-Nágera. Puedes descargarlo en esta dirección:

http://religionenelaula.files.wordpress.com/2013/08/entre-el-cielo-y-la-tierra-maria-vallejo-nagera-2.pdf .

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