Pregunta 24: ¿Cómo busco a Dios?

Hay una pregunta implícita en esta pregunta, que sería ¿qué es la fe? ¿cómo podemos tener fe? Lo primero que hay que tener en cuenta para responder a esta pregunta es que la fe es una respuesta del hombre a Dios que se revela (Compendio del Catecismo 25). La fe es un don de Dios. Así lo formula el Compendio del Catecismo: “La fe, don gratuito de Dios, accesible a cuantos la piden humildemente, es la virtud sobrenatural necesaria para salvarse. El acto de fe es un acto humano, es decir un acto de la inteligencia del hombre, el cual, bajo el impulso de la voluntad movida por Dios, asiente libremente a la verdad divina. Además, la fe es cierta porque se fundamenta sobre la Palabra de Dios; «actúa por medio de la caridad» (Ga 5,6); y está en continuo crecimiento, gracias, particularmente, a la escucha de la Palabra de Dios y a la oración. Ella nos hace pregustar desde ahora el gozo del cielo”. (Compendio del Catecismo 28). De aquí podemos deducir varias cosas importantes.

En primer lugar, que para que haya fe es necesario que Dios se revele. Esto ha sucedido de un modo pleno en Cristo, que sigue presente por su Espíritu en el mundo, más en concreto en las iglesias cristianas, y de un modo pleno en la Iglesia Católica. Por ello, el modo fundamental para buscar a Dios es acercarse a la Iglesia. En ella se encuentra a Dios por medio de Jesucristo en el Espíritu Santo, por medio de la Sagrada Escritura, de la enseñanza de los pastores, de los sacramentos, de la comunidad y de la oración. El Compendio nos dice que la fe crece “gracias, particularmente, a la escucha de la Palabra de Dios y a la oración”. Para buscar a Dios, por tanto, es necesario conocerle; y para ello es necesario leer la Palabra de Dios y adentrarse en la oración, y pedirle con insistencia que se nos muestre, que se nos manifieste, para poder creer en Él, para poder tener fe. Cuando uno busca a Dios sinceramente, y se acerca a la Iglesia para poder conocerle, y le pide en la oración que se le muestre, Dios le puede conceder una experiencia de su amor o de su presencia, y así provocar la certeza de la fe en aquel que le busca; es lo que llamamos la “experiencia de Dios”, que se puede buscar o pedir, pero no se puede provocar, porque depende de la libertad divina. Dios sabe lo que nos conviene y cuándo nos conviene, y por eso muchas veces no responden inmediatamente a nuestros deseos o necesidades. Por ello, esta experiencia de Dios hay que pedirla sin descanso, pero no podemos exigirla; y cuando el Señor la concede, habitualmente se vive con una gran conciencia de gratitud e indignidad. Conocer a Cristo, y prestar adhesión plena a su palabra es la respuesta adecuada a Dios que se revela, y en ese sentido, aunque pueda sonar paradójico, es necesario querer tener fe para buscar a Dios, es decir, acercarse a él con confianza, ya que “se deja hallar de los que no le tientan, se manifiesta a los que no desconfían de Él” (Sab 1, 2).

En segundo lugar, la fe es un don gratuito, que se concede a los que lo piden humildemente. Por lo tanto, para poder tener fe es necesario pedirla en la oración; para poder encontrarse con Dios es necesario orar, pedirle que se muestre, que se dé a conocer, sin ponerle plazos, sabiendo que la fe crece y se desarrolla a lo largo de toda la vida, y que uno nunca acaba de conocer a Dios.

En tercer lugar, la fe es un acto humano, y por tanto afecta a toda la persona: no sólo al sentimiento, sino a la razón y a la voluntad. Para buscar a Dios, es necesario poner en juego toda la persona, todas sus facultades, para encontrar a Dios: razón, voluntad y sentimientos. No se debe buscar a Dios sólo por sentimientos, ni sólo por razonamientos, ni uno cree en Dios por el mero hecho de querer creer. Es un acto de la inteligente del hombre, que con su voluntad movida por Dios, acoge la verdad divina revelada y cree en ella.

Por lo tanto, para buscar a Dios es necesario querer encontrarle sinceramente, no poner condiciones a su existencia, estar dispuesto a cambiar de vida si es necesario, purificar los prejuicios o falsas imágenes que pueda haber sobre Él, acercarse a la Iglesia, conocer a Cristo a través de ella, poner en juego toda la dinámica de la persona: razón, voluntad y sentimiento, y sobre todo pedirle en la oración que conceda vivir una experiencia de sí mismo, que conceda la fe, que es un don suyo.

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