Pregunta 29: ¿Qué es el creacionismo? ¿Cómo compaginar Biblia y dinosaurios?

Pregunta 29: ¿Qué es el creacionismo, y cuál es la posición de la Iglesia? ¿Cómo compaginar la existencia de los dinosaurios con las Sagradas Escrituras?

El llamado “creacionismo” se podría entender como la postura de la Iglesia en relación con su conciencia de que todo ha sido creado como afirma literalmente el texto bíblico, y no ha surgido de la nada. El concepto surge en oposición al de “evolucionismo”. Por lo tanto, podríamos entender el creacionismo en dos sentidos, uno exacto y otro inexacto. Empecemos por el segundo.

a) El creacionismo inexacto es aquel del que se ha acusado a la Iglesia católica (y algunos le siguen acusando) y que siguen manteniendo algunos hermanos evangélicos.
Ese creacionismo dice que Dios creó el mundo tal y como dice el libro del Génesis, es decir, en seis días (que corresponderían según algunos a 6.000 años), y haciendo una por una todas las cosas según aparece en la Sagrada Escritura. Según estos creacionistas, no existiría la evolución, no habrían salido unas cosas de otras, ni habría un avance en el desarrollo progresivo de la creación a través de la evolución, sino que todo sería tal cual dice literalmente la Sagrada Escritura. Este creacionismo se opone al evolucionismo, que afirma que la tierra tiene miles de millones de años y que las especies vegetales y animales han ido evolucionando hasta configurarse tal y como están en la actualidad. Los evolucionistas acusan a los creacionistas de cerrarse a los descubrimientos científicos en aras de un integrismo bíblico mal entendido que hace incompatible la fe con la ciencia. Estos creacionistas incurren en el fideísmo bíblico: simplemente creer lo que dice la Biblia sin pensarlo, y poniendo en duda sistemáticamente todo lo que parezca contradecirlo, aunque lo haga con argumentos sólidos.
Éste creacionismo no tiene ningún fundamento. En otros tiempos donde la ciencia aún no estaba tan desarrollada, era normal que mucha gente pudiera creer literalmente el Génesis, pero la Iglesia en sí nunca lo ha hecho. Ya San Agustín tuvo que enfrentarse a los que leían literalmente la Biblia, y por ello se equivocaban en muchas cosas. En concreto, comentando el pasaje de la creación del libro del Génesis, San Agustín hacía notar dos cosas. En primer lugar, según el relato del Génesis, hasta el tercer día Dios no crea el sol y la luna. Si no había sol ni luna, ¿cómo se miden esos primeros dos días? En segundo lugar, hace notar que en Génesis 1 hay un relato de la creación en que ésta va siendo creada de menos a más hasta concluir en el hombre. Pero en Génesis 2 hay otro relato en el cual primero se crea al hombre, luego a los animales, y después a la mujer. Estos dos textos son contradictorios entre sí, y el redactor del libro del Génesis lo sabía, y aún así escribió ambos. Éstas dos cosas demuestran que el autor del libro del Génesis no pretendía ser literal, y que por tanto no hay que entender estos relatos literalmente, sino simbólicamente; aún más, en ellos no hay que atender a la verdad histórica, puesto que su autor no pretende hacer un relato histórico, sino que hay que atender a las verdades teológicas que trata de transmitir.

Esta lectura literalista de la Sagrada Escritura ha sido rechazada por la Iglesia en un documento de la Pontificia Comisión Bíblica titulado “La interpretación de la Biblia en la Iglesia”, promulgado bajo el pontificado de San Juan Pablo II. Interesan sobre todos los epígrafes de “lectura fundamentalista” y el de “sentidos de la Escritura inspirada”, especialmente el “sentido literal”.

b) El creacionismo correcto es el que afirma que todo ha sido creado por Dios, en el sentido de que todo procede de Dios. En primer lugar, Dios crea todo de la nada, y no a partir de algo preexistente ni a partir de sí mismo; en segundo lugar, todo cuanto existe, existe porque Dios lo ha querido y lo ha creado, y todo viene de Él, sea del modo que sea: sea por creación directa e inmediata, o por creación indirecta y evolutiva. Esta doctrina se opone a quienes afirman que el mundo existe por sí mismo desde siempre, o a los que afirman que la existencia del mundo es fruto del azar. Pero no se opone a ninguna doctrina científica, y especialmente, no se opone a la teoría de la evolución. Según la Revelación, Dios ha creado todo de la nada; pero eso no significa que tengamos que leer literalmente los pasajes bíblicos de la creación, como ya hemos visto. Precisamente, la verdad teológica que subyace a todos estos pasajes es justamente que Dios ha creado todo según su voluntad. De hecho, impresiona la exactitud con la que Génesis 1 describe la aparición de los seres vivos en un orden cronológico muy parecido al que nos señala la teoría de la evolución.
Evidentemente, el tema de los dinosaurios (de los que el que escribe sabe bastante), no es incompatible con la Biblia, puesto que ésta no se centra, como hemos dicho, en explicar literalmente lo que sucedió históricamente, sino en señalar unas verdades teológicas. La existencia de los dinosaurios, a mi entender, nos enseña lo pequeños, jóvenes e insignificantes que somos arqueológicamente hablando (ya que los dinosaurios existieron desde el triásico al cretácico); y sin embargo, no lo olvidemos: Dios elige lo pequeño.

Respecto a este último creacionismo, cito para terminar un texto del papa emérito Benedicto XVI, en un encuentro con sacerdotes:

“Actualmente, en Alemania, pero también en Estados Unidos, se está asistiendo a un debate bastante encendido entre el así llamado “creacionismo” y el evolucionismo, presentados como si fueran alternativas que se excluyen: quien cree en el Creador no podría admitir la evolución y, por el contrario, quien afirma la evolución debería excluir a Dios. Esta contraposición es absurda, porque, por una parte, existen muchas pruebas científicas en favor de la evolución, que se presenta como una realidad que debemos ver y que enriquece nuestro conocimiento de la vida y del ser como tal. Pero la doctrina de la evolución no responde a todos los interrogantes y sobre todo no responde al gran interrogante filosófico: ¿de dónde viene todo esto y cómo todo toma un camino que desemboca finalmente en el hombre? Eso me parece muy importante.

En mi lección de Ratisbona quise decir también que la razón debe abrirse más: ciertamente debe ver esos datos, pero también debe ver que no bastan para explicar toda la realidad. Nuestra razón ve más ampliamente. En el fondo no es algo irracional, un producto de la irracionalidad; hay una razón anterior a todo, la Razón creadora, y en realidad nosotros somos un reflejo de la Razón creadora. Somos pensados y queridos; por tanto, hay una idea que nos precede, un sentido que nos precede y que debemos descubrir y seguir, y que en definitiva da significado a nuestra vida. Así pues, el primer punto es: descubrir que realmente nuestro ser es razonable, ha sido pensado, tiene un sentido; y nuestra gran misión es descubrir ese sentido, vivirlo y dar así un nuevo elemento a la gran armonía cósmica pensada por el Creador. Si es así, entonces los elementos de dificultad se transforman en momentos de madurez, de proceso y de progreso de nuestro ser, que tiene sentido desde su concepción hasta su último momento de vida”
(Benedicto XVI, encuentro con los párrocos y sacerdotes de las diócesis de Belluno-Feltre y Treviso. 24 de julio de 2007).

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