Pregunta 30: ¿Qué significa en la misa “y con tu espíritu”?

Pregunta: Cuando el sacerdote dice: “El Señor este con vosotros”, y el resto contestamos: “y con tu espíritu”, ¿que espíritu es ese? ¿No se tendría que decir: “y contigo”? ¿O bien el sacerdote decir: “el Señor este con vuestros espíritus”?

La fórmula que se usa en tres momentos en la Eucaristía y que tiene diversas fórmulas, forma parte de la liturgia de la Iglesia desde tiempos inmemoriales. La fórmula parece tomada del modo particular que debían tener los primeros cristianos al saludarse, como podemos ver en los encabezamientos y los finales de las cartas contenidas en el Nuevo Testamento; sobre todo en San Pablo, pero también en las cartas de Pedro, de Santiago, de Juan y de Judas. Recojo aquí las conclusiones de algunas de las cartas, en las que se percibe un sabor de saludo litúrgico: “La gracia de nuestro Señor Jesucristo sea con vosotros” (Rom 16, 20); “La gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios y la comunión del Espíritu Santo sean con todos vosotros” (2 Cor 13, 13);  “Hermanos, que la gracia de nuestro Señor Jesucristo sea con vuestro espíritu. Amén” (Gal 6, 18); “El Señor sea con tu espíritu. La gracia sea con vosotros” (2 Tm 4, 22).

Aquí vemos que en el lenguaje de los primeros cristianos no habría sonado nada extraño el saludo litúrgico de la misa. Esas fórmulas, usadas por los primeros cristianos, pasaron a la liturgia. Estas palabras para los cristianos adquirían un sentido especial. La gracia que se desean no es otra que el don del Espíritu Santo. En las dos últimas citas se hace alusión a “vuestro espíritu”; “tu espíritu”. Ése espíritu no es, evidentemente, el Espíritu Santo. Según la antropología cristiana, el hombre está formado de tres partes: cuerpo, alma y espíritu, como recoge San Pablo en una de sus cartas: “Que todo vuestro ser, el espíritu, el alma y el cuerpo, se conserve sin mancha hasta la Venida de nuestro Señor Jesucristo” (1 Tes 5, 23). El espíritu del hombre es el receptáculo del Espíritu de Dios: una realidad espiritual en nosotros capaz de acoger la gracia de Dios, de modo que su acción llegue al hombre entero, al cuerpo y al alma. Por eso, donde la gracia del Espíritu Santo se derrama propiamente, en el espíritu del hombre. Por eso San Pablo podía decir, indistintamente, “la gracia esté con vosotros”, “la gracia esté con vuestro espíritu”, y “el Señor sea con tu espíritu”, como acabamos de leer. Más que un deseo, es una oración en la que se pide que el Espíritu Santo derrame su gracia en el espíritu de aquél con quien se habla. Decir “el Señor esté con vosotros”, no es decir otra cosa que “la gracia de Dios sea con vuestro espíritu”, puesto que el modo como el Señor está con nosotros es derramando su Espíritu Santo en nuestro espíritu. Por eso, las fórmulas son intercambiables.

Así, pasaron a la liturgia con esa forma particular, que recoge el sentido bíblico de la participación en la gracia. Ciertamente, la fórmula podría haber sido de otra manera, pero se recogió con ese regusto bíblico. Un texto muy antiguo de una homilía sobre el Sábado Santo, recoge así el momento en el que Cristo desciende a los infiernos para rescatar a los hombres de los infiernos: “Al verlo nuestro primer padre Adán, asombrado por tan gran acontecimiento, exclama y dice a todos: Mi Señor esté con todos. Y Cristo, respondiendo, dice a Adán: Y con tu espíritu”. Aquí vemos que desde muy antiguo pasó esa fórmula a expresar el saludo litúrgico de los cristianos. Y así siguen siendo, hasta hoy.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.