Pregunta 7: ¿Se puede estar seguro de salvarse?

Pregunta 7: ¿Cómo puede haber personas que están seguras de salvarse? Por mucha fe y mucho amor… si termina la vida con un pecado mortal…

Resumen: el hombre es libre, por lo cual no puede estar seguro de su salvación. Sin embargo, ello no debe llevarnos al temor, ya que Dios es bueno y nos ama, sino a luchar por nuestra salvación sin descuidarnos.


La respuesta a esta pregunta va en dos sentidos.

a) La Iglesia nos dice que ningún hombre puede estar seguro de su propia salvación, a no ser por una revelación particular[1]. Somos libres, y hemos de tomarnos muy en serio esa libertad. Dios nos creó libres para amarle y obedecerle, pero como contrapartida de la libertad, nos encontramos con que podemos odiarle y desobedecerle, haciendo el mal. Y Dios no quiere quitarnos esa libertad en ningún momento de nuestra vida. Si lo hiciera nos obligaría a obedecerle, y entonces dejaría de ser bueno, y nosotros dejaríamos de ser felices. Dios quiere que todos los hombres se salven, pero la salvación depende también de la libertad del hombre: “Dios, que te creó sin ti, no te salvará sin ti”[2]. Estrictamente hablando, podemos elegir hasta el último momento de nuestra vida si hacer el bien o el mal, si obedecer a Dios o renegar de Él. Por lo tanto, nadie puede estar seguro de salvarse, como dice el apóstol San Pablo: “El que se cree seguro de sí mismo, que tenga cuidado, no vaya a ser que caiga” (1 Cor 10, 12).

b) Sin embargo, esta reflexión nos debe llevar al temor, sino a la prudencia. Dios no está pendiente de nosotros para ver si pecamos y encuentra una excusa para condenarnos. Como ya hemos dicho muchas veces, “Dios quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad” (1 Tm 2, 4); “Donde hay amor no hay temor, porque el amor expulsa el temor” (1 Jn 4, 18); “Que no se turbe vuestro corazón, creed en Dios y creed también en mí: en la casa de mi Padre hay muchas estancias, y me voy a prepararos un sitio” (Jn 14, 1ss); “Si Dios está con nosotros, ¿quién estará contra nosotros?” (Rm 8, 31); “El Hijo del hombre no ha venido para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él” (Jn 3, 17), etc. Dios mira el conjunto de nuestra vida y tiene en cuenta las circunstancias, las debilidades, los atenuantes, etc. Sólo Él es quien puede tener un conocimiento exacto de nuestra responsabilidad. Por eso, como dice San Pablo, “no juzguéis nada antes de tiempo hasta que venga el Señor. El iluminará los secretos de las tinieblas y pondrá de manifiesto los designios de los corazones. Entonces recibirá cada cual del Señor la alabanza que le corresponda” (1 Cor 4, 5). Por tanto, hemos de “trabajar con temor y temblor por nuestra salvación” (Flp 2, 12), sabiendo que Dios nos ama y quiere salvarnos, y nos ayuda con su gracia para que usemos correctamente de nuestra libertad y nos hagamos dignos de la salvación. Y al mismo tiempo, tomar en serio nuestra libertad y no creernos ya convertidos del todo o salvados.


[1] Cf. Concilio de Trento, Decreto sobre la Justificación, Capítulo XII.
Para ver el texto: http://www.mercaba.org/CONCILIOS/Trento03.htm.

[2] San Agustín, Sermón 169, 11, 13.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.